22 May Cuando la carga pesa demasiado

Sentir la carga ligera no es para nada fácil y menos en estos tiempos que corren. En donde la sociedad nos exige estar a todo, centrándote en ti y en tus asuntos, que casi ni te da tiempo incluso de descansar y de recobrar fuerzas para el día siguiente.
Hay personas que cuando ven un caso de Trastorno de Acumulación se preguntan: “¿Pero cómo ha sido posible que llegase a ese punto?” o “¿Es que acaso no se da cuenta en medio de lo que está viviendo?”.
Y puedes sentir este tipo de preguntas como lógicas o sensatas, pero en realidad no lo son, por lo menos no desde la perspectiva de quien lo sufre. Y así muchas otras, que lo que hacen es que la persona se cierre más, se aferre más a sus posesiones, sensaciones o incluso pensamientos que directamente les limita.
Siempre existe un momento de quiebre o un cambio vital que les hace empezar un camino que se torna realmente pesado y que les hace aislarse de muchas y diferentes maneras, incluso físicamente dentro de su pequeño universo que sienten seguro. Y para ellos, que son conscientes a su manera de lo que están viviendo, no les resulta para nada sencillo, pero aun así deciden seguir porque una parte de su mente les dice que así es mejor.
Pero este vivir, pesa y mucho.
Es un lastre, es un yugo…
La carga de la que habla el Evangelio
Dice un apartado del evangelio según San Mateo, capítulo 11, versículos 25 al 30:
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Y justo he pensado en la carga tanto física como emocional que en cada instante soportan las personas con este trastorno.
Cuando leí el evangelio con mi esposo (ejercicio que empezamos a hacer hace más de dos años, y no saben cuánto nos ha ayudado como matrimonio) me puse a pensar en cómo ha sido mi evolución de entregarle a Jesús mis preocupaciones y dolores más profundos – ya lo sé, siempre primero miramos nuestro ombligo, pero esto me ayudará a llegar a lo que te quiero decir – y te los quiero contar:
Cómo he ido entendiendo yo esto de “entregar la carga”
En mis 20’s me preguntaba “¿Cómo carajos se hará eso? ¿Debe sentirse liberador… o te los entrego y ya está? ¿Me despreocupo? ¿Pero por qué me siguen agobiando y preocupando? ¿Por qué no me los borras y ya está?
Acercándome a mis 30’s me decía: “Pero si he intentado entregártelos y no veo que hagas nada, no “siento” nada, no te “siento” conmigo, ni veo una solución a ello… así que lo haré sola…”. (Justo fue la época en que más alejada de Dios estuve, seguía creyendo, pero en la distancia).
En mis 30’s me acerqué, pero no reflexionaba, costumbre quizás … o completo abandono de mi parte.
A comienzos de mis 40’s escuché de un sacerdote que el “yugo” es aquello que tienen los bueyes para arar el terreno y que siempre van de a 2 para que sea más “fácil” el trabajo, y para que en realidad haya un avance, pues uno solo no puede hacer gran cosa. Esto me quedó dando vueltas y literalmente me imaginaba a Jesús en un costado ayudándome a cargar “mi yugo”, y a medida que iba pasando el tiempo yo quería cargarlo todo sola porque él ya había hecho suficiente por mí, por todos y no se merece que vuelva a cargar con todo…
Lo que he pensado hoy…
Ahora que estoy en medio de mis 40’s y al leer este evangelio he pensado en:
“Yugo” en este momento son mis preocupaciones, sentimientos, pecados, tentaciones, todo aquello que no me permite ver a Jesús, ni conocerle, ni amarle.
Entregarle esto a Jesús no significa decírselo y despreocuparme, no; significa contárselo todo, aunque ya lo sepa; y después de “descargarme”, confiar plenamente en que habrá una solución que él pondrá en el camino, que él está ahí para mí cada vez que lo necesite y le llame y le haga partícipe de mi vida.
Claaaaro, no es que te lo suelte y ya está, es que me acompañas a llevarlo; pues ya lo llevaste todo y de todos. Sola no puedo, pero contigo sí.
Significa que cuando le ves, sabes que ya hizo TODO y lo sigue haciendo, él solo quiere que le veas a él, que veas su forma de proceder ante cada circunstancia que tuvo, ante cada tentación que tuvo (que son las mismas que hemos tenido, solo que con escenas diferentes) y cómo procedió.
Al ver a Cristo le vas conociendo poco a poquito y ves el salvavidas más perfecto que puede existir.
Johanna, ¿y por qué me cuentas tus paseos mentales?
Pues bien. Haz la analogía (comparativa) entre el “yugo” de estas personas con acumulación y aquello que pueden sentir si se liberan, especialmente de la carga emocional que traen con ellos desde que todo empezó.
Seas tú creyente o no, sean estas personas creyentes o no. Todos tenemos buenos sentimientos en nuestro corazón, y todos queremos ayudar y acompañar a quienes queremos.
Antes de juzgar, detente un momento
Ahora, antes de dar un juicio de alguien a tu lado o incluso de ti mism@, detente a pensar:
¿Esta pregunta/juicio ayuda en esta situación? ¿Ayuda a esta persona?
Si fuera yo, ¿cómo me sentiría si me dijeran esto?
Y si soy yo, ¿este pensamiento “inquisidor” me ayuda en mi situación?
Si las respuestas a estas 3 simples preguntas son negativas, pues no lo hagas.
Una manera más empática y eficiente de poder ayudar ante esta situación o alguna otra similar es la escucha, o incluso simplemente con el silencio y con tu acompañamiento en estas situaciones, ya estamos ayudando bastante para que puedan dar el paso y tomar acción al respecto.
El tiempo lo va poniendo todo en su lugar, sentimientos, emociones e incluso “cosas”…
Por eso también amo lo que hago
Por esto también me encanta lo que hago, me encanta acompañar y me encanta el orden; y si puedo hacer estas 2 cosas a la vez pues mejor que mejor.
Cuéntame de que lado de esta situación estas; o si lo prefieres escríbeme un mensaje directo a contacto@transformaop.com estoy para ayudarte.
Gracias por llegar hasta aquí…
Bendiciones.
Sin comentarios