Regresando…

Regresando a la búsqueda del camino…

No sé ni cómo empezar estas líneas, la verdad. Hace ya más de un año que no escribo ni me paso por las redes sociales, ni siquiera a saludar; pero voy a ser sincera contigo: a veces no tengo ni ganas de saber del mundo; simplemente, me desconecto.

Voy a hablarte de varias cosas; con algunas quizá no estés de acuerdo, como, por ejemplo, con el tema de las creencias religiosas, así que solo te pido respeto y tolerancia.

Un gol en el último minuto del partido…

A finales de 2024, en pleno diciembre, nos pidieron el piso en el que vivíamos de alquiler. Si me conoces algo, sabrás que vivo en Madrid, España, con mi esposo y mi hijo, y que el tema de la vivienda por aquí es costoso y, en los últimos años o meses, ha subido de una forma realmente exagerada, tanto el alquiler como la compra.

Yo ya había desistido de comprar hace varios años, porque pedir una hipoteca con los precios como están, sin entrada y con más de 40 años de edad, hace que te pongan muchos más muros de por medio. Así que ya me había hecho a la idea de que viviríamos de alquiler siempre.

Cuando llegó la noticia de que teníamos que entregar el piso, me desmoroné por completo, y más después de empezar a ver los precios de alquiler: en la misma urbanización en la que estábamos, por un piso igual, nos pedían una barbaridad, un 48 % más de lo que pagábamos; imagínate el agobio.

Después de idas y venidas, buscando ya en barrios más lejanos, incluso en pueblos cercanos a Madrid, Dios nos dio la bendición de poder comprar; algo que, como te dije, ya había descartado por completo. Y, así como me dice un sacerdote que conozco: “Tú tranquila, que Dios a veces mete el gol en el último minuto del partido”.

Y sí, así fue. Dios nos puso ángeles en el camino que nos permitieron dar el paso, y a los que estoy eternamente agradecida, porque sin ellos esto no habría sido posible.

El piso está en un pueblito cerca de Madrid y fue construido entre los años 60 y 70. Me recuerda mucho a mi barrio en Colombia y, cada vez que voy llegando a casa, siento esa ilusión de estar volviendo un poquito allí.

Al ser tan viejito, tiene sus problemas, que a veces te desilusionan porque quieres un poco de paz y no vivir con tanto ajetreo cada día; pero luego dices: “Gracias a Dios tenemos un techo donde resguardarnos”.

Desde abril de 2025, cuando finalmente pudimos entrar, hemos ido encontrando y arreglando cositas, y seguimos en ello. Aunque, si te soy sincera, a veces quisiera poner una bomba en el centro del piso, que todas las paredes caigan y volverlo a construir de nuevo —pero debemos esperar—, ”el palo no está para cucharas”… así que, despacito y con buena letra, respirando hondo y con la paciencia que la circunstancia requiere.

Irme encontrando con…

Por otra parte, y en paralelo, surgen y resurgen cosas que creía haber superado; como los bajones y depresiones que vuelven y te dan un bofetón, de esos que te dejan sentada en el sofá mirando a un punto fijo.

Debido a eso, hace un año largo empecé una guía espiritual con el sacerdote de la parroquia a la que vamos con mi familia.

Y dirás: “¿Guía? ¿Y eso qué es, se va de monja?” Pues no. Llámalo crisis de los 40 o de la mediana edad, o como quieras: me ha entrado el bichito de querer estar bien espiritualmente, conocer y amar más a Jesús y ver cómo puedo luchar espiritualmente contra lo que me aqueja. Porque no te voy a mentir: tengo miedo de la muerte, y en especial de lo que pasa después de ella… y sé que no soy la única.

En la guía espiritual he aprendido que hay depresión clínica y depresión espiritual, y me he dado cuenta de que muchas de mis depresiones son espirituales. Por eso, me he aferrado más a Cristo y a la Virgen, tratando de hacer oración diaria y constante, aunque haya días que me cueste un mundo.

Sinceramente, siento una diferencia enorme; en especial con mi explosividad, pues siempre he sido una persona bastante irascible. Acercarme a Cristo me ha ayudado a reaccionar de manera diferente ante las situaciones del día a día, incluso cuando sigo metiendo la pata.

Sí, sigo explotando de vez en cuando, pero ahora soy consciente un poco más rápido y tengo la oportunidad de corregir el rumbo, incluso al día siguiente. Ya no me paso días y días dándole vueltas.

Aprendiendo a vivir… cada día…

Por otra parte, está mi emprendimiento: me encanta organizar, organizar de todo; y, si me conoces un poco, ya sabes que se me iluminan los ojos cuando hablo de esto.

Cuando veo que algo está en desorden, lo primero que pienso es: “¿Cómo puedo hacer para ayudarle a soltar este peso a esta persona, respetando su ritmo y sus procesos?”, o “¿Cómo podemos mejorar este espacio para que encuentre la paz que necesita sin sentir presión?”.

En ningún momento se me pasan pensamientos de prejuicios ni suposiciones; por el contrario, quiero ayudar y acompañar al otro; que, aunque no por la misma circunstancia, sé cómo se está sintiendo.

Esta profesión me apasiona, pero al ver que no se percibe un ingreso constante (porque aquí, aunque no factures en el mes, debes pagar las cuotas de autónomo, sí o sí), hace un año acepté un trabajo de medio tiempo. Estoy feliz también por ello: allí recuerdo a diario lo bella y sencilla que en realidad es la vida, la inocencia que el mundo nos hace olvidar… y todos, todos los días recuerdo a mi hermano menor, mi compañero de muchos momentos de soledad, mi Ángel de la Guarda.

Así que aquí sigo, con los dos: el trabajo y el emprendimiento. Con ambos doy servicio, intentando poner corazón en todo lo que hago.

… y regresando a aquello de las RRSS…?

En ocasiones, cuando me decía: “¡Venga, retoma las redes sociales!”, terminaba perdiéndome en un scroll infinito, haciendo comparaciones y dejando que “la loca de la casa” me hablara constantemente, diciéndome que no era suficiente para hacer lo que los demás hacen… No sé si a ti también te pasa.

Incluso me he puesto excusas de todo tipo: “Hoy no, que no me he peinado ni maquillado”… pero si NUNCA te maquillas, Johanna!!!… ¡ya hazlo de una vez!

Y me resisto a exponerme por esa ventana, porque al ver tanto odio que tiene la gente me entra un “mejor me quedo calladita”. Pero, al mismo tiempo, también veo luz, gente buena, mensajes de cariño, y eso me recuerda que no todo es ruido ni ataque.

Sé que no son todos, y que los buenos somos más, pero todavía me da ese no sé qué y, a veces, doy un paso hacia el lado. Aun así, aquí sigo: poco a poco, a mi ritmo, rompiendo con el pico y la pala esa barrera que yo sola me he puesto.

Lo haré, porque, en realidad, sé que lo que hago y lo que tengo que decir puede ayudarle a alguien, aunque sea a una sola persona al otro lado de la pantalla.

…si has llegado hasta aquí…

Ahora te toca a ti: si algo de lo que he contado te ha removido, si has pasado por algo parecido o si simplemente te apetece desahogarte, te invito a que me lo compartas en un mensaje privado o correo.

Me encantaría leerte y saber cómo lo estás viviendo tú. No estás sola en esto, de verdad.

Y si tienes algún caso concreto de organización de espacios, desorden o acumulación en el que creas que pueda ayudarte, estaré encantada de hacerlo; sin juicios y a tu ritmo.

Mi correo es: contacto@transformaop.com

Gracias por llegar hasta aquí y dejarme entrar un ratito en tu vida. 💛

2 Comentarios
  • Una Colombiana más!
    Publicado a las 12:55h, 04 marzo Responder

    Admiración total, no te rindas, tienes gran potencial desde mi desconocimiento! !
    Y considero real que desde lo más mínimo siempre será un aporte!

  • JohAnnA Alvarez Camacho
    Publicado a las 18:16h, 25 marzo Responder

    Hooooooola!!!, gracias por tu comentario… perdona por no haberte respondido antes, la verdad no había ingresado desde que lo subí (también por eso digo que me escriban un directo… jejeje, perdón… y sí, vamos poco a poco… mil gracias por estar 🙂

Publicar un comentario