27 Mar Cuando lo que te conecta te desconecta

Heeeey, gracias por volver por aquí… eres completamente BIENVENID@.
Cuando evadirte empieza a alejarte de ti
He pensado mucho en una frase que escribí en mi anterior entrada. Esa en la que decía que, a veces, no tengo ni ganas de saber del mundo y simplemente… me desconecto.
Y en todos estos días he estado dándole vueltas precisamente a eso: a la desconexión.
Porque hoy en día desconectarse de verdad es casi imposible, a no ser que te obligues. Que renuncies, aunque sea un poco, a eso que sientes que te conecta con el mundo.
Pero aquí viene la ironía: muchas veces, eso que crees que te conecta… en realidad te desconecta.
La desconexión que no siempre parece desconexión
Te desconecta de quién eres de verdad.
Y creo que también pasa porque nos da miedo mirar hacia dentro. Nos da miedo ver quiénes somos en lo más profundo. Tememos encontrarnos con algo que no nos guste, algo que nos incomode, o algo que nos haga sentir todavía más vergüenza de la que ya cargamos; y más aún, nos da miedo que los demás vean todo aquello que encontremos.
Durante este tiempo de “desconexión” del blog y de Instagram, me he perdido muchas veces en el scroll infinito. O en series que no terminan, porque ves capítulo tras capítulo y, con tanta plataforma, lo tienes todo servido a los pies.
Y sí, en ambas cosas una se evade.
No piensas directamente en tus problemas. A veces incluso envidias lo que ves. Y como siempre puedes pasar al siguiente, y al siguiente, y al siguiente… acabas entregando tu tiempo, tu mente y hasta un poquito de tu espíritu.
Porque, quieras o no, empiezas a interiorizar muchas de las cosas que ves y escuchas. Y al cabo de un tiempo haces tuyo algo que ni siquiera lo es, porque nace de una comparación que ya se ha instalado en tu cabeza de forma casi irracional.
Lo que estoy intentando soltar en este tiempo
En este tiempo de Cuaresma, mi Guía Espiritual siempre me invita a meditar sobre el momento que estamos viviendo: la preparación para la pasión y muerte de Nuestro Señor, mirándolo también desde los ojos de la Virgen, y pensando en algo que podamos entregar en mortificación.
Y aclaro: mortificación no significa que vaya por ahí dándome latigazos en cada esquina ni en cada paso que doy. No.
Para mí significa entregarle a Dios algo que siento que me está robando la paz. Algo que me aleja del Dios vivo, del Dios que se entrega cada día por mí.
Y estoy intentando entregarle varias cosas:
– Mi irascibilidad
Hay días en los que lo logro. Otros, no tanto, y exploto a la primera.
Pero sí he notado algo: cuando la cago, me invade un remordimiento… y también una paz que me empuja a pedir perdón casi de inmediato. A no quedarme dando vueltas y vueltas, alimentando eso que me lleva a seguir explotando y envenenándome.
– Menos scroll infinito en Instagram
Esto me está costando y bastante, no te voy a mentir. Pero voy paso a pasito.
Lo que sí he hecho es dejar de dormir con el móvil en la habitación. Así que ya no es lo primero que veo al despertarme ni lo último antes de acostarme.
Y eso, para mí, ya ha sido un avance enorme.
Incluso estoy durmiendo mejor.
– Menos series
Hay días en los que no veo ni un solo capítulo de nada.
Ganas sí tengo, y muchas a veces. Incluso hay momentos en el día en que me roba parte del pensamiento porque quiero llegar a casa y ponerme a ver algo.
Pero también siento una fuerza dentro de mí que me impulsa a hacer primero las tareas pendientes de casa, o a sentarme frente al ordenador a seguir cavilando ideas para mi emprendimiento.
Y también ayuda que muchas series las vemos mi esposo y yo juntos. Así que si él no ve… yo tampoco y vs.
– Menos chocolate
Aquí sí que lo estoy teniendo bastante crudo.
Pequeñas cosas que no son tan pequeñas
Todo esto puede parecer insignificante.
Pero yo soy de las que cree que, si no empiezas a controlar ciertas cosas, esas cosas empiezan a controlarte a ti (sí, lo sé, el chocolate me está controlando en este momento).
Y ahí es donde vamos perdiendo libertad.
Porque la libertad también va de esto: de poder gobernar esas pequeñas cosas que, poco a poco, te consumen a ti y a tu tiempo. Y el tiempo, sinceramente, es demasiado corto y demasiado valioso como para gastarlo en banalidades que no nos construyen.
Y entonces pensé en las personas a las que acompaño
En medio de todo este análisis mental, que a veces termina siendo bastante más profundo de lo que pensaba, me he puesto a pensar también en las personas a las que está destinado mi servicio de organización de espacios.
Muchas personas que viven con desorganización crónica, o incluso con trastorno de acumulación, llegan a ese punto también como una forma de evasión frente al momento que están atravesando.
Una separación.
Una muerte.
Una enfermedad.
Un duelo.
Una etapa especialmente difícil.
Y claro, en esos momentos organizar no está entre sus prioridades. Y es completamente entendible.
El problema viene cuando eso se va de las manos.
Ahí es cuando muchas veces se necesita la ayuda de manos externas. De personas que no te juzguen. Puede ser un profesional, un amigo o un familiar. Pero alguien libre de prejuicios y con verdadero deseo de ayudarte.
Porque la primera emoción que suele salir a flote es la vergüenza.
Y por vergüenza, muchas personas postergan este paso. Justamente el más difícil, pero también muchas veces el más importante.
Cómo acompaño yo este proceso
Encuentro bastante humano acompañar a las personas en su proceso de organización.
En ningún momento pido explicaciones de por qué llegaron a ese estado. Al contrario: las acompaño en cada decisión que van tomando para retomar el control de su espacio y de sus pertenencias.
Me gusta recordarles algo muy importante:
Las pertenencias son de la persona, no la persona de las pertenencias.
La persona ES por sí misma y no por lo que tiene.
Y aquí también quiero dejar algo claro:
yo NO hago terapia.
Eso se lo dejo a los profesionales.
Lo que yo hago es acompañar a la persona en su toma de decisiones y ayudarle, según su día a día y su realidad, a encontrar la mejor manera de organizar sus cosas para que pueda recuperar el control sobre su espacio, su tiempo y su rutina.
Y ya para cerrar…
Nuevamente, gracias por llegar hasta aquí y dejarme entrar un ratito en tu vida. 💛
Sé que a veces “la chapa” que suelto puede parecer un poco enredada, pero bueno… la idea de este espacio también es contarte lo que pienso, lo que siento, y que así me vayas conociendo un poquito más.
Me encantará saber qué opinas de todo esto.
Y si necesitas ayuda con un caso de organización, desorden o acumulación, aquí estoy:
sin juicios, a tu ritmo.
Odilia
Publicado a las 02:43h, 28 marzoMuy buen tema para ponerlo en práctica. Felicitaciones y muchos éxitos en este emprendiendo tan interesante y útil para quienes buscan cómo organizar cada dia no solamente su espacio sino también su dia a dia.👏👏 bendiciones 🙏⚘️
JohAnnA Alvarez Camacho
Publicado a las 17:55h, 30 marzoMuchas Gracias por este comentario… si, da para reflexionar y poder aplicarlo, esto o lo que cada quien analice de su situación. Un abrazo grande y bendiciones… 🙂